A beneficio de inventario


lavanderas-recogian-la-ropa-por-las-casas-y-despues-las-lavavan-en-lavadero-torrenteDe herencia, una cosquilla y un recuerdo: su cara llena de pliegues, de surcos casi grietas. Una por cada mentira que tuvo que taparle. Allí todo el mundo sabía la verdad. La verdad del otro. Y en el lavadero daban lustre a las ropas y a sus conciencias. Y en los tendederos aireaban las miserias que no habían salido con agua. Pero ella ni por accidente soltó prenda. Así fue como nos dejó por herencia esa cosquilla que nadie quiere.

 

En el país donde no habita la tristeza


descargaSin maldad que indique el camino correcto, ni verruga que por culpa de la futura arruga, apunte a la belleza. No hay flores por temor a que marchiten, ni colores, ni perfume que embriague al poeta. No hay putas, no hay doctores ni curas, no hay iglesia, no hay anestesia ni sinestesia, no hay sonetos de amor que culpen al desamor, no hay pintores, ni bocetos. No hay felicidad cuando piensas. Escucha: «Cuando piensas, ya es tarde, si lo piensas».

…Sin conocimiento de causa


images (1)El resto de centuriones celebraban la victoria bebiendo y comiendo como animales, mientras que el quinto de reemplazo señaló con un círculo la séptima y última diferencia que halló finalmente entre ambas grafías. Alguien le preguntó por qué no se divertía como el resto. Con voz solemne contestó “Así lo hago. Paso así mi tiempo”. Siendo él reconocido desde entonces como “el pasatiempos”. Ahora cuando alguien quiere distraerse con cualquier periódico lo hace en su honor…

Atemporal


negroEn contra de la imagen preconcebida todo era de color negro. Unas luces led de tono cálido delimitaban el perímetro de la estancia (supongo que hartos de golpearse constantemente).Que los ángeles no tengan sexo no significa que adquieran el sentido de la orientación. De nuevo esa sacudida en mi pecho precedía a la pregunta en estéreo: ¿Qué hubieses cambiado en tu vida? Yo, que odio perder el tiempo, le contesté “¿pero es usted Dios o no?”.

Un traje casi inmaculado


—Dime niño ¿de quién eres todo vestidito de blanco? — dijo el sacerdote.

—Mis padres están allí —dijo el niño señalando al segundo banco. En ese mismo instante sus padres negaban a la persona encargada de pasar el cepillo de la iglesia.

—En mi opinión hijo, la avaricia es el peor de los pecados —afirmó mientras buscaba el nombre del comulgante en una lista. Tomó un bolígrafo y al lado de su nombre le hizo una cruz.