El tomador


Mire usted no lo voy a engañar, que una es muy mayor para inventarse historias y llevo media hora colgada al teléfono. El caso es que Churros, mi gato, estaba muy rebelde anoche, y en una de las suyas, dio a la percha que cayó al suelo, golpeando al joyero que me regaló mi madre y llevándose por delante el reloj, herencia familiar, y que tanta ilusión me hizo. Fue entonces, cuando mi esposo llamó por el interfono, yo le abrí, Churros bufó encaramado al televisor de plasma, mi marido entró en la habitación como elefante en una cacharrería, tropezó con la percha y con ese cuarenta y cinco que calza,  acabó por destrozar el reloj.

– Discúlpeme señora. Insisto. Necesito saber si su marido es el tomador.- inquirió el tramitador de siniestros.

– Pero sí ya se lo he dicho: mi marido ayer celebrando la victoria del Atlético, se puso hasta arriba y como él no acostumbra, pues claro tomar, lo que se dice tomar…tomó. Pero no entiendo como eso puede influir en que Churros anoche golpeara la percha y el otro rompiera él reloj de mi abuela. Y todo fue porque el maldito gato golpeó… ¿oiga? ¿sigue ahí? ¿oiga?

Perspectiva


Siglo XXIII. A un lado del ventanal, el mismo horizonte de siempre, tan perfecto como artificial, y donde no se han molestado en programar ni una nube, da los buenos días.  Del otro lado, la armonía del salón neumático e inmaculado, sólo es perturbada por mis reflexiones y ese tocadiscos que tan inútil como oxidado,  es incapaz de emitir música o voces o ruido o algo distinto de la nada.

Atrás quedaron los tiempos en que los ciudadanos aseguraban su vida, su salud, su automóvil, la rentabilidad de sus inversiones… ¡Ay! si levantaran la cabeza y pudieran vernos ahora. Ahora las personas mueren por decisión propia. Ahora no hay antibióticos, ni antiinflamatorios ni calmantes porque, lejos de mitigar los síntomas, las enfermedades se atajan con acierto y genética. Tampoco hay accidentes, ni incendios, ni inversiones, ni compañías de seguros. No hay margen para el error, ni error, porque a diferencia de ayer, todo es predecible, fiable, seguro y cierto.

***

La aguja comienza a rallar el vinilo que gira descontroladamente. Una extraña melodía sorprende a mis pensamientos. Miro de nuevo al horizonte, presiento cómo la vida continúa latiendo ahí detrás. Quién sabe, quizá no deba darlo todo por perdido.