Relatos encadenados Cadena Ser V


TREINTA SEGUNDOS.-

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada, la cual se tornó en esfuerzo constreñido, ceño fruncido, ojos achinados y finalmente ojos cerrados seguidos de una ventosidad en si bemol de treinta segundos de reloj, treinta segundos de estupefacción del jurado y treinta segundos de alivio para el acusado que con esos desaires abandonó la sala. Todos miraron al juez excepto la taquígrafa, que aún seguía sin acertar con la tecla exacta.

Relatos encadenados. Cadena ser IV.


UN SAN FRANCISCO

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les estaba permitido el acceso. El resto de mortales esperábamos turno en la cola. La mayoría estaban nerviosos e impacientes. Ellas no dejaban de tocarse el pelo. Ellos fingían tragar el humo, ser lo que no eran y tener una edad que no tenían. Yo como siempre era el que pensaba más de la cuenta. A la más guapa de las niñas guapas, sólo pude verla por  el resquicio de la puerta de la discoteca “light”. El carné falso no me abrió ni una ventana.

 

 EX-JAULAR

 Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les estaba permitido el acceso. El resto de mortales esperábamos turno en la cola. Todos estábamos nerviosos e impacientes. En el portalón de la muralla de la ciudad, unos altavoces emitían la dichosa sintonía, lo que significaba el preludio del sorteo. Ninguno de nosotros quería vivir dentro en la ciudad. De vez en cuando mirábamos de reojo la muñeca derecha, donde cada uno teníamos tatuado nuestro número identificativo. Era un gesto provocado más por el deseo irracional que por el olvido. El afortunado cruzaría el portalón e iría directamente a la cárcel durante todo un año.

relatos encadenados III


El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre marca el ritmo como el péndulo de un reloj. Sobre la mesa cubierta de polvo distingue un papel. Primero se acerca al cuerpo. Detiene su balanceo. Aún no se ha enfriado. Más tarde la curiosidad le dirige al papel. No es una nota de despedida, tampoco es una carta con resultados médicos. Es una diligencia de embargo y desahucio. El tiempo pasa pero ninguno de los dos son capaces de mirarse a la cara.