EL DISCURSO DEL PRESIDENTE


images (1)Sentado sobre el taburete en aquel lúgubre antro de luces de neón fundidas, discernía sobre las analogías entre los riesgos y el alcohol, bajo el prisma que ofrecía el penúltimo chupito de Chivas. Susi le acercó la corbata y echó el cierre.

«El alcohol le sirve a uno para desprotegerse, romper la coraza y afrontar un nuevo escenario de realidad con cierto júbilo. La prima del seguro protege de la incertidumbre, construye un nuevo caparazón y otorga relativo confort. Ambos circunstanciales y efímeros», pensó el señor Huertos.

Allí nadie sabía quién era él. No le hacían preguntas. No les importaban las respuestas. Un día se hacía pasar por fontanero, al otro por colombicultor. Pero aquel día se quedó desnudo demasiado tiempo, demasiado pronto y se vio obligado a encontrar en aquel primero lo que daba el segundo: seguridad.

Soltó sobre la barra del bar un billete de cincuenta euros, no espero al cambio, ya tocaría ajustar cuentas con Susi. Mientras esperaba al chófer, abrió su maletín de cuero y repasó sus notas “retribución accionistas”, “diversificación del negocio”, “el reaseguro en Latinoamérica”, “nombramientos”…, hoy le tocaba presidir una compañía.

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