Un traje casi inmaculado


—Dime niño ¿de quién eres todo vestidito de blanco? — dijo el sacerdote.

—Mis padres están allí —dijo el niño señalando al segundo banco. En ese mismo instante sus padres negaban a la persona encargada de pasar el cepillo de la iglesia.

—En mi opinión hijo, la avaricia es el peor de los pecados —afirmó mientras buscaba el nombre del comulgante en una lista. Tomó un bolígrafo y al lado de su nombre le hizo una cruz.

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