Porvenir y por llegar


Supongo que el cuerpo humano está diseñado para olvidar. De otro modo sería imposible vivir. Si no olvidáramos tanto lo bueno como lo malo (especialmente esto último) nos quedaríamos bloqueados. Creo que esto (o algo parecido) lo vi en Red.es gracias a nuestro amigo Eduard Punset. Digo esto, porque hoy haciendo zapping he visto a una esquiadora paralímpica norteamericana J. Seller creo recordar (aunque como ya dije soy pésimo para los nombres) y me ha impactado ver su destreza para bajar por el eslalon únicamente con su pierna  y su brazo izquierdo. Yo, que soy incapaz siquiera de mantener el equilibrio en un bordillo con una pierna, y ella ha bajado zigzagueando con una destreza que me he detenido a mirarla embobado durante el minuto y cincuenta y cinco segundos de su descenso. Todo ello, unido a los fármacos que me estoy tomando, me ha hecho pensar en la banalidad del ser humano, en la frivolidad del hoy y en la estupidez del mañana. Por la mañana uno (o una) se despierta y se afeita (o se maquilla). Se mira ante el espejo sin pensar más allá del “no quiero llegar tarde al trabajo” o del “no quiero que mis hijos lleguen tarde a la guardería”. Pero apenas nos detenemos a apreciar que tenemos dos manos y dos piernas y una piel libre (o casi) de cicatrices. Porque pensar así sería vivir con miedo y de manera autodestructiva. Uno cree que hoy será como ayer y antesdeayer y como ha venido siendo casi todos los días porque el cerebro hace de filtro y mitiga el recuerdo de lo que hace poco nos lastimó. Nos comportamos como si todo fuera a salir bien, como siempre, y esto no ocurre todos lo días. En mi caso mi dedo meñique y unas cuantas cicatrices en la cara me lo recuerdan de vez en cuando. Los accidentes ocurren. No tienes que vivir con miedo, pero que sepas que esto es así.

Entonces, si todo es tan efímero ¿por qué no vivir al día? ¿cuál es la justa medida para saber vivir “bien”? En mi caso  me pregunto si  debo ser tan conservador y por el contrario debo darme más caprichos de vez en cuando. Y por caprichos no me refiero exclusivamente a lo material (que también) sino a practicar, realizar, decir, sentir y vivir las cosas de manera más impulsiva. No esperar a un mañana. Entre la persona derrochadora que no tiene para vivir porque malgasta sus ingresos y aquel que no disfruta de la vida por asegurarse un mejor “porvenir”… ¿dónde debemos quedarnos? Yo hoy lo tengo bastante más claro. Tengo que actualizar antes de que acabe la noche mi lista de prioridades. Querer más. Demostrarlo más. Pensar menos. Ahorrar menos. Llamar más. Criticar menos. Alabar más. Sorprender más. Dormir menos. Aprovechar más. Discutir menos.  Un año más y no uno menos.Vivir más y morir menos.

Mañana me levantaré más contento porque puedo disfrutar de mi cuerpo. Lo observaré y mimaré aun sabiendo que le tiene que venir alguna citraciz más, pero siendo consciente de que lo habré exprimido hasta que esto llegue. Y respecto al porvenir, creo que haré más esfuerzo para hacer de él un “por llegar”, quiero decir que más que esperar a que llegue aquello que deseo, iré y me esforzaré para ser yo quien lo consiga. Como la esquiadora de esta mañana, que quedó tercera, pero me dejó con esta fructífera reflexión sin ella saberlo.

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