Lo-lo lololo


Nunca he sido muy bueno en historia. Tampoco me ha preocupado. Guardo un recuerdo de otras asignaturas que despertaban en mí mayor interés, bien porque tenía mayor destreza o porque supusieran un reto. Y entre ellas no se encontraba Historia. Siempre me dio la sensación que empezábamos en la prehistoria y nos quedábamos en la Alta y la Baja Edad Media. Además aquello de memorizar nombres no era lo mío. Ni lo era, ni lo es. Con el paso del tiempo mi capacidad de aprendizaje y retentiva no ha hecho más que disminuir. Es más siempre me disculpo ante aquellos que no me conocen con el tan socorrido “soy un desastre para los nombres ¿te llamabas?” y los que me conocen no me tienen en cuenta mis lapsus. Recuerdo perfectamente como Rocío Antón podía relatar en perfecto orden cronológico las líneas sucesorias desde Alfonso XII o Pedro I y todos los entresijos de hijos, bastardos y muertes extrañas de la monarquía propia o europea.

Aquí quiero hacer un breve inciso que no podía dejar pasar. Siempre que digo Rocío Antón, comienzo a cantar “Antón, Antón, Antón pirulero, cada cual, cada cual que aprenda su juego y el que no lo aprenda pagará una prenda”, esto es algo como mi estupidez: irremediable. Además, es cuando menos curioso, que podamos recordar perfectamente el primer e incluso segundo apellido de una antigua compañera de colegio, a la que no hemos vuelto a ver desde hace veinte años (?) y sin embargo no sea capaz de recordar un triste nombre de un nuevo compañero de oficina. Aunque para ser totalmente sincero, la última vez que la vi no fue en 8º de E.G.B, sino como cajera en un hipermercado. Por alguna extraña razón pasé mi compra por otra caja y por alguna otra, aún más extraña, siempre hubiera dicho que ese prodigio de memoria histórica acabaría trabajando de algo distinto. Rocío era la mejor en historia.

Lo curioso y volviendo al tema, pido disculpas porque el inciso no fue tan breve, es que hace relativamente poco hubo una propuesta de ley para poner letra a nuestro huérfano himno. Sonaron algunos nombres como Joaquín Sabina, pero luego hubo un comité de expertos y profesionales y una serie de votaciones y al final creo que los grupos políticos se metieron en el asunto y el resultado final es el que todos sabemos. Como dice hoy Fito (de Fito y los Fitipaldis) “cuando juntas música con política, pierde la música”. El caso es que me estaba preguntando ¿por qué no tenemos un himno nacional que no sea el franquista? ¿Por qué tenemos que conformarnos con “Franco, Franco que tiene el culo blanco como su mujer que lo lava que lo lava con Ariel”?

Desconozco las causas históricas que nos ha llevado a esta situación. Lo asumo, lo reconozco y me avergüenzo de ello; quizá debería haber prestado más atención en el colegio o quizá haber copiado algo menos en algún examen en B.U.P. (este tipo de delito habrá prescrito digo yo), pero sea por lo que fuere (no me apetece buscar las razones históricas en Wikipedia aunque admito respuestas breves en este hilo del blog) no me imagino a los soldados españoles tomando coraje para la lucha de un himno sin sangre ni chicha, porque la música sin letra no deja ser como la música ambiente que te ponen en los supermercados: vacía. No sirve ni para bailar. Tampoco me imagino que anime mucho a los deportistas españoles cuando suena en las diversas competiciones. El caso es que hoy está jugando España contra Italia, de momento van empate a cero. Y aunque a mí el fútbol ni me va ni me viene, he de decir que ha estado muy emotivo el homenaje a Luis Aragonés (que por sí solo daría para otro capítulo de este diario). En lo que nos van ganando es en el sentimiento patrio. Eso es así.

Creo que sería capaz por hacer un esfuerzo mental y aprenderme los nombres y la letra de una canción que nos hiciera sentirnos uno, al margen de las comunidades autónomas y las provincias. No digo que haya que hacer como en EE.UU. que enseñan, y todos los niños como autómatas y alienígenas aprenden, en absolutamente todos los colegios la letra del himno (hasta incluso yo mismo puedo tararear las primeras palabras “say can you seeeee”), pero sí digo que me ha dado una envidia ver como el equipo italiano y el público en general estaban tan unidos todos por esas palabras y su significado, que he sentido vergüenza ajena cuando ha tocado nuestro turno y no hemos salido del “Lo-lo Lo-lo Lololo…”.

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