Esa clase de amor sin apetito


Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. Un día nuevo, pero la misma excusa. Decidida llamó al detective. A la semana siguiente unas fotos de él entrando en una cara joyería acompañaban a la demanda de divorcio encima de la mesa. Ella fingía normalidad. Esta vez él fue puntual a la hora de la comida, pero al ver la demanda sobre la mesa, sólo le preocupaba el bolsillo donde había guardado el  ticket de compra.

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