El tomador


Mire usted no lo voy a engañar, que una es muy mayor para inventarse historias y llevo media hora colgada al teléfono. El caso es que Churros, mi gato, estaba muy rebelde anoche, y en una de las suyas, dio a la percha que cayó al suelo, golpeando al joyero que me regaló mi madre y llevándose por delante el reloj, herencia familiar, y que tanta ilusión me hizo. Fue entonces, cuando mi esposo llamó por el interfono, yo le abrí, Churros bufó encaramado al televisor de plasma, mi marido entró en la habitación como elefante en una cacharrería, tropezó con la percha y con ese cuarenta y cinco que calza,  acabó por destrozar el reloj.

– Discúlpeme señora. Insisto. Necesito saber si su marido es el tomador.- inquirió el tramitador de siniestros.

– Pero sí ya se lo he dicho: mi marido ayer celebrando la victoria del Atlético, se puso hasta arriba y como él no acostumbra, pues claro tomar, lo que se dice tomar…tomó. Pero no entiendo como eso puede influir en que Churros anoche golpeara la percha y el otro rompiera él reloj de mi abuela. Y todo fue porque el maldito gato golpeó… ¿oiga? ¿sigue ahí? ¿oiga?

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