EL DESAFÍO


D

esde allí podía oler la tierra húmeda y la resina de los árboles cediendo a los últimos rayos de sol de aquella tarde de verano. Olía a fresco, olía a destellos de luz picando en las blancas piedras que tapizaban el camino. Incluso la brisa se dejaba seducir por la única oquedad de aquel rectángulo vegetal.

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