DIAGNÓSTICO: LOCURA TRANSITORIA


A

llí no se podía estar. Nunca había visto tanta expectación. Hasta yo me estaba mordiendo la uña de mi pulgar. Parecía un concierto del grupo de moda. La gente aplaudía como cosacos por cualquier gesto absurdo. Bueno, (de los presentes) el que estaba a la derecha de la señora del vestido de flores no podía aplaudir porque tenía la mano vendada. Pero el resto ¡vaya si lo hacía!, incluso un poco más lejos, un chaval con una gorra azul, apoyaba su pierna izquierda en el mango de la muleta para poder liberar las manos de ella y aplaudir a conciencia. En el tumulto se oían comentarios de todo tipo desde «la verdad, ya nos hacía falta» o «esto nos va a venir muy bien»… cosas así.

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