CUESTIÓN DE FÉ


«L

a mosca que no quiere ser cazada está más segura cuando se posa en el cazamoscas», pero aquella pequeña mosca estaba posada en mi rodilla y me miraba con sus múltiples y diminutos ojos y yo la miraba a ella, hipnotizándonos mutuamente. En mi estado catatónico poco más podía hacer. Miré mi reloj, hacía veinte minutos que había salido de casa con mi mujer y la busqué entre la multitud de la pequeña habitación en la que nos encontrábamos. Me devolvió la mirada acompañada de una frágil sonrisa. Busqué de nuevo al insecto y éste echó a volar un par de metros, parándose en una flor blanca, quizá fuera una petunia, pero lo desconocía. Jamás fui bueno para recordar los nombres de las cosas bonitas. 

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