Relatos encadenados Cadena Ser V


TREINTA SEGUNDOS.-

El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada, la cual se tornó en esfuerzo constreñido, ceño fruncido, ojos achinados y finalmente ojos cerrados seguidos de una ventosidad en si bemol de treinta segundos de reloj, treinta segundos de estupefacción del jurado y treinta segundos de alivio para el acusado que con esos desaires abandonó la sala. Todos miraron al juez excepto la taquígrafa, que aún seguía sin acertar con la tecla exacta.

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