Oboe, esperanza y pericia


OBOE, ESPERANZA Y PERICIA.-

Hasta la librería me acompañó Don Honorio Leal, notario y amigo de mi abuelo. Me hizo entrega del certificado del seguro de cobertura de fallecimiento y sin más, se despidió de mí. Con escasa pericia subí el cierre metálico enrollable de su local. En el interior el haz de luz que cruzaba la sala de lectura parecía una perfecta radiografía de aire estancado, partículas suspendidas y recuerdos. El abrumador silencio únicamente era interrumpido por los llantos que producía la tarima del suelo. En una de las estanterías un cartel llamó mi atención: “No tocar”. Al lado del cartel, su oboe negro acumulaba el paso del tiempo en forma de polvo. Sin pensarlo, pasé el dedo índice por encima tratando de sacar algo de lustre e inmediatamente, como una señal premonitoria, el cartel se cayó al suelo. “No tocar” volví a leer y al alzar la mirada comprobé como del instrumento brotaron unas sordas notas musicales (pentagrama y clave de sol incluidas) que fueron a parar a su libro favorito, el cual había heredado. La carta que hallé en su interior cambió mi mundo. Creo que nunca había perdido la esperanza de descubrir la verdadera relación oculta entre él y Honorio.

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